Una ofrenda para quienes siguen viviendo en nuestro corazón

Preparar una ofrenda es una manera de decir: “No te hemos olvidado”. Es poner sobre la mesa su comida favorita y mirar esa fotografía que nos devuelve, por un instante, su sonrisa.
En esta tradición, cada elemento tiene un significado. Las velas guían a las almas de regreso a casa; el cempasúchil señala el camino. El agua alivia la sed después del viaje, y los alimentos reciben a nuestros seres queridos con los sabores que disfrutaron en vida.
Pero para quienes hemos perdido a alguien, una ofrenda también guarda algo muy íntimo: todo ese amor que todavía necesitamos expresar.
Mientras la preparamos, vuelven sus palabras, sus ocurrencias y aquellas pequeñas costumbres que hoy daríamos tanto por vivir una vez más. A veces sonreímos al recordarlas. Otras veces lloramos, porque su lugar sigue haciendo falta.
La ofrenda también nos permite compartir su historia: “Así era tu abuelita”, “Esto le gustaba a tu papá”, “Esta era su canción”. Entre una anécdota y otra, su recuerdo sigue siendo parte de la familia.
Este Día de Muertos, que cada vela encendida nos permita agradecer lo vivido y darnos permiso de extrañarlos. Porque detrás de cada fotografía hay una vida compartida y un abrazo que todavía hace falta.
A quienes ya partieron: aquí seguimos recordándolos, aquí seguimos amándolos.



